jueves, 30 de octubre de 2014

Respeto

 

Aquel sicario era muy respetuoso con lo suyo: trataba a su pistola de usted.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Canto VIII (Tonino Guerra)




Canto octavo

Este año las hojas secas se quedaron en las ramas
porque no soplaba ni una brizna de viento
y los árboles parecían antorchas encendidas.
Más allá de Montebello, en el Marecchia,
hay un convento cerrado desde hace más de cien años
y un claustro lleno de viejos nogales.

Mi hermano y yo entramos por un agujero
para pasear bajo aquellos árboles que sostenían
con sus brazos una gran nube roja.
Cuando, después, tocamos las campanas,
los repiques sacudieron el aire
y todos los nogales se quedaron desnudos de repente.

(La miel, 1981)

domingo, 26 de octubre de 2014

Banco


Banco. Morada y sede de vampiros. Gruta siniestra revestida de engañosos oropeles donde Alí Babá y sus secuaces con corbata y portafolios, tras sus múltiples fechorías financieras, acumulan y ponen a buen recaudo el suculento botín rapiñado a los ingenuos impositores que, llevados por esa candidez propia de los menesterosos, cometen el funesto error de atravesar sus umbrales en procura de auxilio monetario.

sábado, 25 de octubre de 2014

"Las cabras" (un poema de Eugénio de Andrade)


Las cabras

En cualquier parte donde la tierra sea pobre y alta, ahí están ellas, las cabras, negras, muy femeninas en sus saltos menudos, de piedra en piedra. Me gustan estas desvergonzadas desde pequeño. Tuve una que me dio mi abuelo y, él mismo me enseñó a servirme, cuando tuviese hambre, de aquellos odres llenos, tibios, donde las manos se detenían morosas antes de arrimar la boca, para que la leche no se perdiese por la cara, por el cuello, por el pecho tampoco, lo que ocurría a veces, quién sabe si a propósito, el pensamiento en la vulvita olorosa. Se llamaba Maltesa, fue mi caballo y no sé si mi primera mujer.

Traducción: Antón García

viernes, 24 de octubre de 2014

Membrillo, cerezas, cárabo, tú


La piel exacta del membrillo guardando tras su aspereza el firme dulzor de la pulpa, la redonda exquisitez de la cereza después del árbol vestido de novia, la impenetrable mirada del cárabo insomne en las alturas de la noche, los cristales secretos de la nieve cayendo sobre tu rostro.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Greguería perruna



"Los perros nos enseñan la lengua como si nos hubiesen tomado por el médico".

Ramón Gómez de la Serna

martes, 21 de octubre de 2014

"La muerte oculta" en Madrid

 

Esta tarde se presenta en Madrid, en la librería Rafael Alberti, C/ Tutor, 57, el libro La muerte oculta, original del editor y poeta Javier Sánchez Menéndez.

El volumen, reedición del mismo título publicado en 1996 con apenas ligeras variaciones, lleva en esta ocasión un prólogo de Antonio Colinas y un epílogo de Tomás Rodríguez Reyes, y será presentado por otro estupendo poeta, crítico y antólogo como es José Luis Morante.

¡Quién pudiera estar allí! 

Un abrazo, amigos.

lunes, 20 de octubre de 2014

17 "morerías" en Estación Poesía


Hace un par de día llegaron hasta mi buzón un par de ejemplares -bellísimos- del nº 2 de la revista Estación Poesía, dirigida por Antonio Rivero Taravillo, y de la que ya se dio cuenta de su aparición y contenido aquí.
Hoy dejo en este post mi colaboración en ese número, esas 17 "morerías" del título, que no son sino mi modo de homenajear al maestro indiscutible de esa expresión literaria que son las greguerías: Ramón Gómez de la Serna. 
Ojalá sean de vuestro agrado.


Cuando nos tapamos la cabeza con la almohada, nos convertimos sin querer en los avestruces del sueño.

Las rodajas de fiambre son como monedas de carne que metemos en la hucha de la boca.

Con su ojo de cristal, el fotógrafo dispara la mirada sobre un recuerdo que aún no existe.

Todas las noches enviudamos de nuestra sombra.

El pozo sin fondo está empachado de tragarse todo lo que le echan.

La gabardina es un paraguas cuyas varillas son nuestros huesos.

La impaciencia encontró en el claxon a su media naranja.

En el insomnio, las humedades del techo le ponen rostro a nuestros desvelos.

El tornillo sin su tuerca no es más que un solterón de hierro destinado a oxidarse en soledad.

El tren se adentra en el túnel resoplando su miedo a desaparecer.

A las horas en punto, el carillón se suelta la melena.

A las gotas de sudor les gusta suicidarse desde la punta de la nariz.

Cuando desabrochas un sujetador abres también la doble puerta del misterio.

En el reino de los clavos, el tornillo ejerce de rey.

Desvistiéndose poco a poco, la alcachofa nos seduce hasta entregarnos su corazón. 

Los jugadores del futbolín siguen la más rígida de las tácticas. 

Los soldaditos de plomo siempre parecen muertos antes de la batalla.