sábado, 6 de febrero de 2016

32 sin Cortázar


En apenas una semana se cumplirán 32 años de la muerte Julio Cortazár en París, no sé si jueves ni tampoco si aguacero, mas seguro que no en otoño, como quería César Vallejo para sí en su propia muerte.

Y como me barrunto que ese día en concreto, 12 de febrero, las redes sociales se llenarán de recuerdos hacia él y homenajes en su memoria, he querido adelantarme trayendo aquí el famoso capítulo 68 de su más famosa obra -Rayuela- leído por él mismo con ese dulce arrastrar de las erres tan característico de su voz.


“Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias”.
 
Recuerdo aún mi estupor, que no era poco hasta entonces en el deambular por sus páginas, al llegar a ese capítulo de la novela: todos aquellos términos nunca vistos ni leídos en parte alguna que conformaban sin embargo un texto entendible casi a la primera. Al menos para mí, así fue.
Lectura que hice en la edición de Edhasa con esa cubierta que veis en la primera de las imágenes inferiores: me regaló el libro un muy querido amigo, Bartolomé Salas, sabedor de mi pasión por la lectura y mi fervor cortazariano al que él contribuyó en gran medida porque fue en su biblioteca donde leí al argentino por primera vez, concretamente las Historias de cronopios y de famas.

Y hace también menos de una semana, prácticamente a la misma hora en que tecleo estas líneas, uno estaba, en compañía de un nutrido grupo de amigos mañicos, en la Fundación March viendo y tocando parte de los fondos de la biblioteca de Julio Cortázar (con ejemplares de, entre otros, Onetti, Paz, Neruda, Pizarnik... a él dedicados) que allí se conservan, hecho que fue posible gracias a las amables y fructíferas gestiones de Jesús Marchamalo, a quien en justo y pobre pago por su generosidad dedico esta entrada.

Marchamalo le dedicó al gran cronopio, y a su bilbioteca, un precioso volumen, Cortázar y los libros, editado por Fórcola Ediciones en 2011 con su elegancia habitual.



viernes, 5 de febrero de 2016

"Suroeste" ahora también en digital



Mi queridísimo Antonio Sáez Delgado, director de "Suroeste" (revista de literaturas ibéricas) me envía el recién nacido enlace de la revista, que ahora se convierte también al formato digital para estar al alcance de todos.

Hasta donde uno sabe, "Suroeste" es la única revista que publica textos en todas las lenguas de la península: español, catalán, euskera, gallego y portugués.

La edición es papel es una exquisitez, tanto tipográfica como de contenidos.

En el siguiente enlace la tenéis a vuestra disposición. 


De nada. Y a disfrutarla.

Burros de noria



Apretar los puños, fijar la vista, tirar para adelante andando en círculos: así el hombre casi siempre. Pero cambia puños por pezuñas y, ¿no es exactamente eso lo que hacen los burros de noria?

jueves, 4 de febrero de 2016

El deseo



(A Darío Canton)

Veo a unos cuantos perros en la calle
que andan a la siga de una perra en celo.
Se le pegan como las moscas a lo dulce.
Nunca supe lo que se siente ser deseado
por el entusiasmo de tantos admiradores.
La felicidad podría terminar siendo una
carga por imposición, no por elección.
Yo daría tres ladridos y unos cuantos
mordiscos para evitar un amo a quien
responder y una mano de quien comer.


Juan Carlos Moisés

Poema encontrado en el muro de Irene Gruss

miércoles, 3 de febrero de 2016

De los riñones, vexiga y carnosidades de la verga


Curioso título el de este ejemplar -algo inquietante para los hipocondríacos- del espléndido legado bibliográfico del filólogo, académico y bibliófilo Antonio Rodríguez-Moñino (alrededor de 17.000 volúmenes -según nos informó el también académico Pedro Álvarez de Miranda, quien este pasado viernes nos hizo de magnífico y didáctico anfitrión a quien esto teclea junto a un nutrido grupo de amigos aragoneses- amén de cientos de estampas y grabados y una magnífica colección de pliegos de cordel de todas las épocas) que se custodia y conserva en la biblioteca de la Real Academia Española de la Lengua.

La foto no es muy allá, pero es que la hice yo.

martes, 2 de febrero de 2016

Pan y besos


Al contrario de lo que a veces ocurre con otros -tan hipócritas, tan dañinos, tan de mentira-, los besos que se dan al pan nunca son en vano.